Ritual Cítrico fue concebido como una experiencia escenográfica para un cumpleaños íntimo, al atardecer de un ático residencial, donde cada elemento transforma lo cotidiano en una composición escultórica. Inspirado en los bodegones mediterráneos y en la estética editorial contemporánea, el proyecto utiliza el limón como hilo conductor visual y simbólico de toda la puesta.
Inspo.
La inspiración nace de los bodegones clásicos mediterráneos, las naturalezas muertas y la estética editorial contemporánea.
Los limones funcionan como hilo conductor conceptual: representan abundancia, frescura, luz y temporalidad.
Los limones funcionan como hilo conductor conceptual: representan abundancia, frescura, luz y temporalidad.
También se toman referencias del lenguaje cinematográfico y escenográfico, especialmente en el uso de: drapeados teatrales, iluminación cálida y direccional, acumulación de elementos naturales, composiciones simétricas y rituales visuales.
La intención fue reinterpretar estos códigos clásicos desde una mirada más minimalista y contemporánea, generando un equilibrio entre sofisticación, rusticidad y calidez emocional.
Moodboard & paleta de colores.
La selección de vajilla combina piezas orgánicas y cristalería clásica en tonos neutros cálidos, mientras que las sillas de líneas rústicas aportan equilibrio entre elegancia y naturalidad. Los detalles fueron pensados como pequeños gestos rituales dentro de la experiencia: amapolas amarillas aportando delicadeza y verticalidad, moños de encaje presentando los cubiertos, y rodajas de limón intervenidas con el nombre de cada comensal como parte de la narrativa visual de la mesa.
La paleta cromática reúne beige, marrones terrosos, marfil y acentos amarillo limón, acompañados por texturas como lino lavado, cerámica mate, madera y fibras naturales. El resultado es una propuesta cálida, sensorial y contemporánea, donde naturaleza, composición y celebración conviven en una misma escena.
Propuesta.
La propuesta se desarrolla a partir de una mesa longitudinal entendida como una extensión continua de la celebración, acompañada por un gran telón textil que enmarca el espacio principal de la cumpleañera y actúa como foco escenográfico central. A partir de allí, la composición se despliega entre acumulaciones cítricas, iluminación cálida y materiales nobles que generan una atmósfera envolvente y ceremonial en un ático residencial en pleno atardecer.